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INSTITUCION FAMILIAR

DISTINCION HONORIFICA “SENY ONDER 2005”.

En el año 1889, Don José Diago Aicart, funda “la fabriqueta” en el sitio donde actualmente se encuentra en el “Portal de València”, al que sucedió su hijo Don José Diago Budi, quien continuo la tradición familiar, poniendo a la alfarería el nombre comercial de “ El Aguila”.

Tras la muerte de Don José Diago Budi en el año 1932 , fue en el año 1934, cuando fue alquilada, continuada y transformada en su concepción artística por los señores, ambos primos hermanos, llegados desde la vecina localidad de Ribesalbes, Don José Sorolla Balaguer y Don Francisco Benedito Balaguer.

Los señores Sorolla y Benedito tambien utilizaron, inicialmente, para “la fabriqueta” el nombre comercial de “La Concepción”.

Hasta entonces esta cerámica ondense con toda una tradición alfarera, desarrollaba lo que se denominaba “cerámica basta” (“Canters, botiges, llibrells, tuberías” y otras piezas cerámicas), aunque también habían pintado esporádicamente (posiblemente ya hubiera pintado entonces el Sr. ”Paco el Baldat”).

En aquellos principios de la cerámica artística de Onda, segunda mitad del siglo XIX y principios del Siglo XX, hablar de cerámica en Onda era hablar de la fabrica denominada “ Elías Peris y Bautista Galver” de cuya época han quedado, entre otras, piezas cerámicas de la “Tía Roseta” y de “Paco el Baldat (Don Francisco Mora Almela). Dejamos constancia en esta acta de “Paco el Baldat, valenciano, que se instaló en Onda tras pasar por nuestra población como componente de una compañía de espectáculos del genero de “Revista”, en la que actuaba una famosa cupletista de la época, denominada “la Bonastre”. Este personaje, además de la farándula, se ganaba la vida en Valencia pintando abanicos y otros objetos, pero debió cautivarle nuestra cerámica, por cuanto decidió abandonar aquel mundo y dedicarse de lleno a la cerámica.

Don José Sorolla Balaguer vino a Onda a la fabrica “dels plats”, llegó para hacer “Safes” al aire, con el torno, en la fabrica que había detrás de la Balsa de la Vila y de ahí, asociado con su primo Francisco Benedito Balaguer, paso, tras alquilar su inmueble y la adquisición de materiales que hicieron en común, a “la fabriqueta.”, allá sobre el año 1934.

Los señores Sorolla y Benedito, de inmediato cambiaron la producción de la fabriqueta pasando a la producción artística de lo que denominaba cerámica fina o tradicional” . Barnizado y pintado a mano de platos, juegos de café, ceniceros, ánforas, jarrones y demás piezas cerámicas pintadas. Se trataba de piezas que se utilizaban habitualmente en las casas, en las cocinas, en las comidas, era loza habitual de utilidad diaria en el hogar, que posteriormente ha pasado a ser un elemento decorativo.

Don José Sorolla Balaguer, tras toda una vida dedicada a la cerámica, nacido en el siglo XIX (Era de la quinta del once) murió a los 90 años, inmerso en la cerámica y dejando una saga familiar que ha marcado sello propio en la cerámica de Onda.

Aunque él, dominador del torno y de la cerámica no pintaba, orientó en este arte a las dos hijas de su primera mujer, quienes captaron el arte del Sr. “Paco el Baldat”, que de la fabrica de Elías Peris había pasado a “la fabriqueta”. El decía que el Sr. Paco el Baldad era de lo bueno que había tenido Onda y que sus hijas Doña Maria y Doña Carmen Sorolla Arzo habían captado su arte. Arte que también tubo inicialmente una breve continuidad temporal con las nietas (hijas de Maria y su esposo Don Salvador Gil, Doña Maria y Doña Carmen Gil Sorolla).

Al mismo tiempo, de la escuela de “Paco el Baldat”, habían aprendido las dos hijas de Don Francisco Benedito Balaguer, Doña Maria y Doña Josefina Benedito.

La institución familiar de aquellos pioneros, primos hermanos, ceramistas, venidos de la vecina población de Ribesalbes, Don José Sorolla y Don Francisco Benedito, había tomado cuerpo, en “la fabriqueta”. Iniciando lo que ha sido y es un sello de calidad y prestigio en la cerámica y en Onda, concretamente en la cerámica de Onda, con una serie creativa múltiple y abundante, actualmente en museos, en colecciones y como elemento decorativo, en todo el mundo.

Las cuatro hijas empezaron a pintar, con la incorporación de amigas y vecinas hasta unas ocho y así se recuerda a Carmen Pozo, Carmen Gea, Carmen Bonet, Carolina Sansano, Rosarito la Mistera, la Rampiña y otras que aunque no hemos conocido el nombre, reconocemos igualmente su aportación cerámica y a las que también extendemos nuestro homenaje.

Entre tanto habían nacido Don José y Don Antonio Sorolla Sansano, fruto del segundo matrimonio de Don José Sorolla Balaguer con Doña Maria Sansano Garcia, artistas cerámicos que han marcado su sello artístico y el de “la fabriqueta” desde Onda al Mundo.

Casado Don José Sorolla Balaguer, por terceras nupcias, con Doña Carmen Castelló Tío, nació su hija Dolores Sorolla Castelló, quien no tardo tampoco en incorporarse como pintora a la institución familiar de “la fabriqueta”.

Las líneas sucesorias de los fundadores Don José Sorolla y Don Francisco Benedito, y sus entornos familiares, parecía haber estado predestinados en su trabajo y creación artística con “la fabriqueta”. así Don Antonio Sorolla Sansano, contrajo matrimonio con Doña Pilar Franch Gallen, quien dejó toda una vida de trabajo pintando en “la fabriqueta”. Doña Pilar se inicio como pintora siendo una niña, Antonio su futuro marido, no había tomado la primera comunión, y Doña Pilar ya trabajaba en “la fabriqueta”, donde estuvo pintando hasta los 62 años a cuya edad se retiro oficialmente, aunque su pasión cerámica y artística era tan honda que siguió bajando a pintar todas las tardes sentada en su puesto en “la fabriqueta” hasta cumplir los 70 años. Aun así nunca dejo de pintar en su casa, hasta su muerte, recientemente cuando alcanzaba los 77 años de edad. Fueron sesenta y tres años de su vida pintando. No podía vivir si no le subían a casa piezas para seguir pintando, siendo, además bien cierto, que determinadas cerámicas solo ella podía hacerlas dentro de “la fabriqueta”. Salvador José Benedito, nieto de Don Francisco Benedito Balaguer, actual Presidente de la sociedad Sagironda, S.L., dice que para ella la pintura era una droga, que necesitaba pintar, cosa comprensible tras 62 años creando arte con la cerámica. Necesitaba que le subieran piezas a casa para pintar, lo que hizo hasta que la muerte le arranco el pincel y la pintura de sus manos.

Doña Maria y Doña Josefina Benedito, hijas del cofundador Don Francisco Benedito, pintoras ceramistas, constituyeron la segunda generación familiar de esta rama. Se habían formado a caballo entre la Escuela Provincial de Cerámica de Onda y la empresa familiar en la que pintaban, como hemos dicho, ocho o diez mujeres.

Doña Maria Benedito se había especializado en su pintura cerámica de ramos de flores, con enorme gracia y creatividad propia, a lo igual que doña Pilar Franch, aunque ambas pintaban de todo.

El marido de Doña Maria Benedito Don Salvador José Juan, que también se había incorporado a “la fabriqueta”, realizaba toda clase de labores complementarias y de gerencia, administración y comercialización de la cerámica, hasta su jubilación y como los demás, mas allá de la jubilación, hasta que dejó sus menesteres en la cerámica, que pasaron a manos de su hijo, tercera generación, Don Salvador José Benedito, actualmente presidente de esta pequeña empresa cerámica y persona que ejerce la gerencia y que la recuerda inicialmente con el nombre de “La Concepción”.

Don Salvador José Benedito, prácticamente creció entre ánforas, platos, tornos y demás elementos de “la fabriqueta”, ya que su madre Doña Maria estaba pintando, como los demás, todo el día. Con siete años, al salir de la escuela su vida y su juego transcurría en “ la fabriqueta”. A los 14 años empezó a trabajar también en “la fabriqueta”, ejerciendo actualmente las funciones de gerencia y a los 64 años, aun en activo, acumula también cincuenta años dedicados a la institución cerámica de “la fabriqueta”.

Desde niño aprendió las técnica del torno. En aquellos primeros años llegaba a modelar mas de quinientas macetas diarias, tenían gran calidad comercial, si bien él modelaba macetas de tamaños pequeños puesto que las grandes las hacia Don José Sorolla, aprendió mirando, prácticamente solo. Había entonces cinco tornos en la empresa, también pintaba y se encargaba de la producción del barro, junto con los hermanos Sorolla. Barnizaba las piezas para pintar, cargaba los hornos, desarrollando su trabajo en todos los sectores hasta el embalaje y servicio comercial de las piezas al mercado. Con el “ carro y el aca” iba al “terrer de Forques” para picar y proveerse de arcillas.

Siempre cuenta que lo mas difícil de su trabajo era la cocción en el horno árabe. No había termómetros y se guiaba por el color del fuego y el nivel o intensidad del olor a azufre. había que cuidar no pasarse, ni tampoco quedarse a faltar. Esto no se aprende, se vive. No cabía el descuido puesto que se jugaba el trabajo de un mes. Su abuelo murió, siendo él un niño de 8 o 9 años y recibió sus primeras enseñanzas de su tío José, socio de su abuelo y padre de Don Antonio y Don José Sorolla.

Mientras tanto, como todos en esta familia, se había incorporado también como pintora su hermana Maria José Benedito, iniciada por su madre en la pintura, quién dedicó, como no podía ser menos, unos años de su vida a “la fabriqueta” , aunque dejaría esta actividad por su mayor vocación como modista, no reincorporándose ya a la misma.

La era estaba en la explanada de la cueva del “Algepsar”, primero junto a la entrada de la cueva, debajo de “la solsida” y posteriormente la sacaron mas afuera.

En su técnica se la debían ingeniar para obtener éxito acudiendo a sistemas primitivos, fruto de la experiencia. Anualmente iban a campo de la trilladora, que anualmente acudía a Onda para el trillado de los trigos y se proveían de “pallus” para todo el año. Su misión era hacer una masa con barro blando para taponar las grietas de las cajas cerámicas que contenían, protegiendo la cerámica pintada, dentro del horno árabe, ya que había que resguardarlas del fuego directo. Era otra época. Las cajas eran de distintos tamaños, según el tamaño de las distintas piezas cerámicas introducidas en el horno para su cocción. Eran tiempos de escasez y las cajas (fabricados con barro por ellos mismos), continuamente rotas por la acción del calor y el uso, había que recomponerlas, sellarlas con el barro con “pallus” y atarlas con cuerdas al colocarlas.

“La fabriqueta” absorbía y absorbe a los ceramistas que por ella pasaban, trabajo también como ceramista Don Salvador Gil, casado con Maria Sorolla Arzo y así, dentro del entorno familiar, cautivó también a quien después emparentaría como hermano político de Don José Sorolla Sansano, Don Marcelino Gallen Puchal.

Don Jose Sorolla Sansano dominador de todas las artes y secretos del torno, había transmitido su genética artística a su hijos Jose Antonio y Alfredo Sorolla Gallen, el primero perfecto dominador de los colores, iniciando sus pinturas cerámicas en “la fabriquita”, sin bien, tras su paso por la misma, su vocación le llevo al mundo de la docencia donde ejerce su labor de profesorado, siendo Alfredo quien continuador de su padre en el dominio del torno, y adquiriendo de su madre las técnicas y arte en el dibujo y la pintura desarrollo su trabajo también en ” la fabriquita”, para finalmente dedicar a la cerámica en su propio taller.

Don Marcelino Gallen, empezó también a trabajar en “la fabriqueta” siendo un niño, entre los 13 o 14 años, y actualmente, tras retirarse los hermanos Sorolla, y recomponerse la propiedad de las participaciones sociales, desarrolla su trabajo y la continuidad de la empresa, en paridad accionarial con Don Salvador José Benedito, representando ambos la continuidad actual de “la fabriqueta”.

Al principio de esta institución familiar, en los años treinta, era la producción sanitaria una base fuerte, producida al torno y barnizada con blanco, así lo "aseadores", las cuñas para enfermos, rinconeras y distintas piezas de material sanitario de la época, pero pronto se inicio el cambio a la cerámica artística pura con la incorporación, procedente de la fabrica de Elías Peris y Bautista Galver de “Paco el Baldat”, nombre con el que se conocía a Don Francisco Mora Almela, persona invalida de ambas piernas y que tenia que desplazarse arrastrándose.

Es claro que la incorporación de Don Francisco Mora, tuvo influencia y fue básica en aquellos inicios de la pintura de “ la fabriqueta”, quien desarrollo su pintura con gran libertad, si bien aportaba un estilo, desarrollado en su anterior fabrica con quien compartió la pintura y la creatividad con la “tía Roseta”, y de ahí la similitud en algunas piezas con las pinturas de la citada y tan recordada “tía Roseta”.

Estos ceramistas “la Tía Roseta” ( fallecida en 1910) y Francisco Mora Almela (fallecido en 1938), primero ambos en la fabrica de Elías Peris y posteriormente el segundo en “la fabriqueta”, entendemos, y así lo manifiesta abiertamente don José Sorolla, crearon la cerámica artística de Onda, o al menos le dieron un sello especial que la caracteriza y que saben distinguir los entendidos, puesto que ambos y en ambas empresas, salieron de la influencia francesa importada por el Conde de Aranda, imponiendo, fruto de su libre creatividad, un sello propio que empezó a distinguirla y que continuo asentándose posteriormente en los ceramistas ondenses, consolidando fuertemente este cambio de influencia en “la fabriqueta”, con nuevas creaciones de los hermanos José y Antonio Sorolla hasta alcanzar una cerámica propia, diferente, hoy conocida en todo este mundo artístico.

“ Esta institución familiar generacional, desde que Don José Sorolla y Don Francisco Benedito, llegaron desde Ribesalbes, nos dejan simbolizado en “la fabriqueta de Onda”, el arte de la cerámica y la alfarería, desde la búsqueda y recogida de arcillas para la fabricación del barro hasta el escaparte de exposición de la obra artística.

Las arcillas se recogían en el 70 por ciento del Terrer de Les Forques, un 15 por ciento (arcilla roja) del Corral Roig, un 7 por ciento del Corral Blanch, completando el otro 7 por ciento con arcillas de “la Creueta”.

Inicialmente hacían sus propios colores en el mismo horno árabe de cocción, así el rosa, con Oxido de Estaño (45%), cuarzo (20%), cal (35%) y oxido de cromo 0,500 %), todo ello calcinado al “dau”, encima capsar y cocer dos veces. El carmín con Oxido de Estaño (41%), cal (28%), arena (28%) y bicromato de potasa (3%), con el mismo proceso anterior. Amarillo Naranja con minio (40%), cuarzo (20%) y oxantimonio (15%) o el Castaño bueno, con oxido de cromo (15%, Oxido de Hierro (15%), oxido de Zinc (20%) Alumina (5%), estos dos últimos al “dau y capsar), de lo cual dejamos aquí constancia para futuros estudios.

La elaboración del barro es todo un proceso de amor a la cerámica. Recogida en los “capazos”, tras picarla al “terrer”, y cargada al carro hasta la era, donde se esparcía en montones hasta que se hacia buena con la lluvia. Se rulaba con la caballería en verano, cuando estaba seca. Se desmenuzaba con el trillo. Cargada de nuevo al carro hasta el deposito en fabrica, junto a las balsas. En el proceso desde una primera balsa o deposito, se pasaba agua a una primera balsa pequeña, donde se ponía la arcilla moviendo y mezclando con un palo-rastrillo, para caer después a una tercera balsa tras pasar por un proceso de colado a través de un tamiz en el que quedaban las impurezas. En esta balsa el barro se depositaba, hacia pozo, quedando arriba el agua pura, que se echaba a la acequia de riego lindante al ir agrietando unas fugas en la pared en sentido descendente. El barro se hacia natural, sin pastar. De aquí, ese barro casi liquido (como el chocolate espeso), se tiraba a una cuarta balsa también adjunta (se transvasaba), hasta llenarla. Esta balsa iba absorbiendo el agua y se hacia mas espeso. Se volvía a colar a otras balsa y secaba mas (tres balsas llenas). El barro ya estaba casi preparado, y de estas balsas se iba cogiendo con las manos haciéndose pegotes lo mas grande posibles en la pared lateral, construida con yeso, que terminaba de absorber el agua de forma natural, hasta que al ir secando se agrietaba y caía al suelo, sobre unas tablas colocadas al efecto. El barro estaba listo, se recogía haciendo masas y se llevaba al lado del torno donde quedaba en cajas de madera con tapa (“a pencas”) de donde lo iba cogiendo y utilizando el alfarero (en caso de que se mantuviese demasiado blando, aun se utilizaba un segundo secado natural, pegando las “pencas” a otra pared, también de yeso absorbente, preparada al efecto junto a los tornos. Era al momento de utilizarlo, cuando lo amasaba el tornero varias veces para hacerlo bueno (asaonar el fanc). El barro en este proceso y el tiempo que pasaba en las ultimas balsas, sufría un proceso necesario de envejecimiento para poderlo trabajar bien. había que “añejar” el barro, como el vino para trabajarlo en perfectas condiciones. Estas instalaciones, en estos momentos, no se utilizan pero permanecen autenticas, como un museo etnològico, con su situación mirando al sur, su microclima y condiciones naturales.

El proceso del alfarero, ceramista artístico tradicional, producto de la experiencia de padres a hijos y autodidáctica, es digno del estudio de la antropología, y debe ocupar un espacio escrito en el recuerdo de nuestras raíces. La tradición histórica de la “Onda cerámica”, como toda evolución en los pueblos, nunca ha sido gratis, ha requerido del esfuerzo y conocimiento de unos hombres y mujeres que nos precedieron y que ahora nosotros queremos reconocer y homenajear con la distinción del Seny Onder.

Es un reconocimiento a una labor de cada ceramista artístico, que en la prehistoria de las actuales escuelas cerámicas, se iniciaron, como Antonio Sorolla Sansano, dominador del torno, la pintura, los barnices, sus moldes y todos los secretos de la cerámica, con la dedicación de un niño que, sobre los doce años, empezaba a pintar utilizando, como pintura el agua mezclada con hollín de la chimenea del horno, pintando en negro sobre azulejos bizcochados que reutilizaba. Posteriormente empezaba a pintar con barniz copiando de muestra, para terminar pintando a su aire volando con su imaginación. Empezaba pintando macetas (con pintura menos exigente). Pasaba al torno, donde empezaba formateando sus propias macetas, para terminar igualmente construyendo el estilo de la cerámica familiar con su propio sello. Se iniciaba y aprendía también la técnica del molde y su fabricación, para terminar perfeccionando, con nuevas técnicas y efectos, los propios productos con la permanente evolución profesional y artística.

Fue en el año 1979 cuando los socios, que después se citan como firmantes, siempre del entorno familiar de los fundadores, decidieron establecer sus vínculos mercantiles a través de una Sociedad que representara la titularidad de “la fabriqueta” con sus valores mercantiles, a través de la cual empezó a trabajar tras firmar la escritura de constitución de la nueva sociedad con la denominación de CERAMICA SAJIRONDA, S.L.

Si sobre el año 1934 “ la fabriqueta” recibió su nuevo impulso, cuando desde Ribesalbes, llegaron Don José Sorolla Balaguer y su primo hermano Don Francisco Benedito Balaguer, ahora firman la escritura de la nueva sociedad constituida Don José Sorolla Sansano, casado con Doña Maria Gallen Puchal, Antonio Sorolla Sansano, casado con Doña Pilar Franch Gallen, Don Salvador José Benedito casado con Doña Inés Llopis Villarroya, Don Marcelino Gallen Puchal, casado con Doña Carmen Figas Ramos, Doña Dolores Sorolla Castellón, casada con Don Vicente Herrera Montoliu, Doña Maria Gil Sorolla, casada con Don Salvador García Blaya y Doña Carmen Gil Sorolla, casada con Don Francisco Rubio Mendoza.


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