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Las librerías de Onda tienen en sus estanterías, desde hace unas semanas, el último libro de Francesc Alvaro i Fèlix, UN TOMB PEL CASC ANTIG D’ONDA. En él, podemos pasear por las calles de los barrios más antiguos de Onda, de la zona donde nació la población que hoy conocemos y que, en tiempos no tan lejanos, vibraban con el pulso que daban los miles de habitantes que vivían y hacían suyos los siglos de historia de la villa.

En la presentación de su libro, en el marco de Fira del Llibre, Ondanegocio pudo hablar con este profesor de secundaria acerca de esta obra, y repasar los últimos años de estos emblemáticos lugares.

¿Cuántos libros ha escrito hasta la fecha?

Este es el octavo. Todos los he escrito sobre temas relacionados con Onda.

Usted es profesor de Educación Física. ¿De dónde le viene esta afición por la historia?

Bueno, soy profesor de Educación Física por circunstancias. Mi formación es la de licenciado en Geografía e Historia, en la especialidad de Arqueología y la especialidad de Historia del Arte.

Este último libro habla del casco antiguo de Onda, desde hace no muchos años hasta ahora. ¿En qué ha cambiado estos años?

Uy, ha cambiado muchísimo. A nivel puramente físico, ten en cuenta de que estamos hablando que en 1967 fue nombrado Conjunto Histórico-Artístico, y Bien de Interés Cultural, en una época en que todavía hervía de vida. Era la época de nuestros padres, y había vida en la calle, niños jugando, y ahora, unos 40 años más tarde, la transformación ha sido brutal. Ha habido una infrahabitación. En esas casas no hay gente viviendo, no ha habido una renovación generacional y esas casas han perdido sus habitantes. Cuando una casa se abandona, se deteriora rápidamente, con las consecuencias que esto conlleva.
En consecuencia, tenemos un casco histórico infrahabitado, y muy degradado, tanto en el aspecto físico como en el social. Es preocupante, porque hay un buen número de casas que tienen un interés artístico e histórico. Por eso se le concedió esa categoría en los años 60. Y eso por no hablar de la arquitectura monumental.
Están las Iglesias de Santa Margarita, conocida por todos como “l’Esglesia de la Sang”, o la ermita de Sant Vicent, e incluso el mismo castillo, donde hubo una restauración que a mi no me gusta mucho, que denomino “a la saguntina”.
Estamos en un momento decisivo, e incluso ahora está conforme está grácias a las personas que todavía viven allí, personas que están en la última etapa de su vida, y que cuando falten, el barrio se abandonará.
Según mis cálculos, el casco histórico está habitado en un 20 %, y si no se soluciona pronto, en un plazo de unos 10 o 15 años tendremos un problema grave.

¿Cúal cree que sería la consecuencia de esto?

Yo creo que hay dos consecuencias, ambas muy graves. Por un lado, que se abandone, y por otro, que acabe convirtiéndose en un barrio marginal, que será algo muy malo. Cuando se crea uno de estos suburbios, estos barrios marginales, se degrada la zona y es hasta peligroso adentrarse por ellos, porque la marginalidad está aposentada en sus calles.

¿Y las soluciones para evitar esta situación?

Ahora es el momento de hacer un proyecto serio, riguroso, que no digo que sea fácil. Esto no se soluciona poniendo unas macetas en el balcón. Hay que hacer atractiva la zona, para que los que van viniendo para que lo ocupen con dignidad, que se restauren y que sean ocupadas por familias jovenes, con hijos y propiciar que se produzca ese relevo generacional.

¿Cómo se podría hacer interesante para los nuevos habitantes de Onda esta zona?

Hay que hablar las cosas, mirarlas y solucionarlas. Nuestros padres han vivido en el casco antiguo, en casa de varias alturas, porque no han hecho otra cosa en su vida. Las parejas jovenes no quieren esas cosas hoy en día. Quieren comodidad, el coche en la puerta, por tanto, la sociedad ha de aportar facilidades para hacerlo atractivo. Lo primero, sobre todo, las económicas. Si me compro una casa allí, después de lo me cuesta el solar, la tengo que reformar, y antes de gastarme un euro allí tengo que pagar una excavación arqueológica, me lo pensaré. El que se compra un piso en la Avenida Cataluña no tiene que gastarse nada en excavaciones arqueológicas.
Comencemos por ahí. Si la excavación arqueológica repercute en la sociedad, debería ser el ayuntamiento el que corriera con los gastos de esos trabajos. Y a partir de ahí, que se den otras facilidades económicas.

El casco histórico, pese a su situación actual, ha sido vital para el desarrollo de lo que es Onda hoy.

Efectivamente. Aquello era la antigua madina en época islámica. Cuando Muntaner dijo en el siglo XIV, en aquella famosa crónica que el castillo tenía “tantas torres como días tiene el año”, no se refería al castillo tal y como lo vimos ahora, sino a toda la población. Obviamente, lo dijo de una forma exagerada, pero al ver esa fortaleza tan impresionante, se dejó llevar.
Onda fue una de las últimas poblaciones que se reconquistaron. Según el profesor García Edo “En la primavera o verano de 1241”, prácticamente, el País Valencià estaba ya ocupado por las tropas feudales.
Eso fue el núcleo del que ha nacido Onda, y la que acogió la explosión demográfica que ha venido después. Cuando se produjo esta, es cuando se debería haber aprovechado para dignificar la zona. Fue fabuloso para las inmobiliarias, para los constructores, pero a nivel social, artístico o social, no se ha ganado nada. Estamos perdiendo un patrimonio como no se está produciendo en ningún pueblo de España.
Onda no será más importante por tener más calles, más plazas o cuantos toros embolan. Onda será grande siempre por su historia, por su patrimonio y su gente, la gente que de verdad la quiere, no la gente que se aprovecha de ella.

La forma de vida era completamente diferente a la de ahora, y eso se refleja en el libro.

Claro. Lo primero que he hecho ha sido hablar de las personas que vivían allí. No es como ahora. Antes allí habían infraestructuras, tiendas de comestibles, de ropa... Estaba la Escuela Parroquial Santo Domingo el Sabio, de la que yo fui alumno. No se hablaba de casco antiguo porque aquello no lo era, era el pueblo. Ha cambiado tanto la forma de vida, que no se puede comparar. Todas las comparaciones son odiosas, y esta lo es más.
Se convivía de una manera sana, sin egoísmos. Entrabas a casa de un amigo y te ponían el plato en la mesa, sin problemas. Todos éramos pobres, pero pobres de dinero, no interiormente, lo que realmente vale. Y tampoco sé hasta que punto pobres de dinero, ya que todos tenían su casa, y la tenían pagada, e incluso su vehículos. Quizás no coche, pero si carro y burro. Ahora, decimos que tenemos casa y coche, pero ¿es nuestro o es del banco?
A mí me gustaba más aquella forma de vivir, desde luego.


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Albertro Guillamón "Torrechiva"
Darío Piera
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