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El sábado presentaste tu primer libro, El Último Escapolat, pero, ¿cómo surgió la idea de poner en papel todas esas experiencias?

No se trata de un momento determinado. Yo lo comparo con un vaso. Llega un momento en que el vaso está lleno, y comienza a desbordarse. En el caso de las vivencias, las experiencias que he vivido, ha llegado un momento en que debían tomar forma, y lo que he tratado yo ha sido quitarme lastre, darle forma de libro y sacarlo afuera. Es como si una vez plasmado en un libro siguiera siendo tuyo, pero ya no ocupa sitio dentro.

Escapolat es el protagonista de todas estas vivencias, o al menos, es testigo...

Sí, es testigo, y pretende ser, de alguna manera, el “rescatador” de las mismas. Es testigo directo, o en ocasiones, de referencia, pero quiere contarlo, dejar constancia para que no se pierden.


¿Cuántas historias de las que aparecen en el libro son reales y cuantas son inventadas?

No sabría decirlo. La mayoría son anécdotas que el protagonista, igual que yo, no las ha vivido en primera persona, pero que forman parte de la tradición oral de Onda. Creo que al 50 % real y 50 % ficiticio. Y dentro de las que son reales, el libro no pretende ser un libro histórico, dar una visión tal y como era, sino ofrecer una visión de cómo se recuerdan. No pretende ser un libro histórico, sino presentar unos recuerdos.

A los que no vivimos esa época, nos resulta curioso observar la manera de vivir, esa manera de pasar los días en Onda en aquellos tiempos...

Tengo que reconocer que cuando lo escribí no pensaba en la generación de mis hijas, por ejemplo. Ahora me doy cuenta de que es un público potencial, y que podría interesarles lo que explico en él. Es un libro ambientado en los años 50 y 60, y hay que tener en cuenta que Onda, la sociedad ondera y la española han cambiado mucho, y el tiempo ha hecho que quizás los recuerdos estén algo deformados, pero no demasiado. Onda era realmente así, y sobre todo, lo que cuento en la introducción. Y ese “comboi” que está en todo el libro, que la gente, al oler una hoguera allí estaban, al sonar una trompeta, allí estaban, a la primera nosequé allí están, a ver las procesiones...

Un ambiente permanente de fiesta...

Efectivamente. De ganas de fiesta y de ganas de “comboi”. Las mejores noches de Onda son las de fiesta: el Salvador, el 18 de julio, siempre tiene que haber un momento festivo... Otro ejemplo sería la Pascua de Onda, que la gente venía de toda la provincia para disfrutarla. Los últimos años, tienen especial interés las noches de la Fira, donde la gente se queda con la boca abierta, por lo festivas que son, y lo acogedores que son los ondenses. Son vivencias que están colocadas en un plano de ficción, pero que, por supuesto, tienen una base de verdad. Creo que está bien retratado. Algunos me decían que eran recuerdos de una época, y yo creo que sí.

Supongo que le tiempo pasado desde ese momento hasta el actúal te habrá permitido tener una visión más madura sobre lo hechos que relatas.

Sí, claro, el tiempo lo madura todo. Entonces no habría escrito esto... Esto lo escribo ahora, desde este punto de vista, y recordando aquello. Ojo, yo no digo que las cosas sucedieran así, no pretendo que el libro sea un acta notarial. Yo no digo en ningún momento que la realidad fuera aquella, sino que es tal y como lo percibo yo. Es lo que recuerdo, y quizás de una guía de lo que era, pero es mi percepción de lo que viví. Si lo hubiera escrito entonces, como un diario, el resultado no sería ni parecido a este. Hay mucha ficción, muchas licencias literarias provinientes de mi bagaje como lector, y no de la realidad objetiva.

¿Cuál crees que puede ser la sensación de un lector de unos 20-30 años cuando coja el libro y vea cómo era la Onda de hace cincuenta años?

Más que Onda, sería la época, porque lo aquí está narrado en la calle San Miguel o en la Morería, realmente sucedía en todas las ciudades de Onda, con matices, porque al ser Onda un pueblo industrial la gente se comportaba de una determinada manera, las relaciones sociales eran de una determinada manera. Pero creo que perplejidad, pero por falta de asimilación de lo que les contaban sus abuelos, o sus padres y no escuchaban, las “batallitas del abuelo”. Creo que deberían adentrarse en el libro sin prejuicios, simplemente con el afán de leer por leer, y con la receptividad de que lo está contando una persona de mediana edad, que era joven en esa época. Deberían sentir curiosidad, y abrirse a esa curiosidad.

Hay un pasaje al que vuelves varias veces durante el libro, y es el del circo. ¿Qué significado tiene este pasaje?

Sí, el circo en contraposición a los cíngaros. El circo era parafernalia, la que nos llegaba de Europa. Personalmente, soy de los que piensan que de Europa, en aquella época sólo nos llegaba la parafernalia, las luces, y ningún tipo de ayuda. Los cíngaros eran lo que podíamos hacer los ondenses en la calle. Al final, agradecíamos más lo que podían hacer los cíngaros, más auténtico, que la espectacularidad del “Circo de las Luces”, con sus luces y lentejuelas, que aparecía de vez en cuando y se iba sin dejar rastro.
Nos dejaban residuos del progreso, en la forma de representantes comerciales que iban ofreciendo avances en el comercio local, tecnológicos, alimentarios, etc. y que he utilizado de manera no literal en el libro, en forma de metáfora.
Yo provengo de una familia de izquierdas, de los perdedores de la guerra. Siempre habíamos esperado que Europa nos ayudara a salir de la dictadura, pero se limitaron a darnos parafernalia, espectáculo, nada serio. Ni Inglaterra, de la que esperábamos tanto. Algo trajeron los ingleses, algo de progreso, pero no pasaron de ahí. En el libro cuento que algo nos llegó de ellos, pero poco. Esto se puede contar de muchas maneras, pero yo prefiero hacerlo con anécdotas, con metáforas. Es mi manera de contar las cosas. Después podemos hablar de que quizás no sea la manera más adecuada de presentar los hechos, de que haya otras mejores. Yo me escudo, en broma, diciendo que soy “autodidacta”, pero no es más que una broma y me sirve para reafirmar mi manera de contarlo.

¿Ha habido algún intento de presentar el libro a alguna editorial?

Bueno, no. Ha habido un autodescarte de presentarla. Estoy a un nivel de madurez en el que no me interesa ir de editorial en editorial... A uno podría gustarles, a otros no, así que, teniendo poder económico para afrontar la aventura, me he lanzado.a crear mi propia editorial.

¿Perspectivas de afrontar una nueva aventura editorial?

Si me hubieras preguntado hace unos años si iba a publicar un libro te habría contestado que no. Pero todos tenemos los ordenadores llenos de cosas, y puede llegar un momento que todo lo que tengo perdido por ahí comience a tomar forma, y entonces, ya veríamos. Ahora estoy haciendo unas disquisiciones sobre la juventud de hoy. Le doy vueltas a varios temas que me preocupan sobre los jovenes, lo diferente que son hoy de lo que fui yo, que lo valorábamos todo porque no teníamos nada. Ahora no valoran nada porque lo tienen todo, o eso cree aunque yo creo que no tienen nada. Algo que he podido sacar de ello es lo que sería la relación de todo lo que ha llevado a la evolución desde el homo erectus hasta lo que yo llamo el “homo trascendental”, donde parece que todos tenemos que hacer algo para “trascender”, y así nos va...

Dicen que esta es la primera generación que va hacia atrás, en lugar de hacia delante...

Sí, es posible. Hemos creado una situación de taifas dentro de casa, creamos reyes de dormitorio, de un pequeño espacio. Ese es, quizás, el problema de tantos fracasos de matrimonios, porque se juntan dos reyes y no puede salir nada bueno de esa territorialidad.

Dicen que no se lee mucho, pero los jovenes hacen colas para comprar el último Harry Potter...

No estoy muy convencido de que eso sea positivo. Sería positivo si se fuera al libro, y no al fenómeno. Este caso parece ser un misil teledirigido, está bien, pero está muy mediatizado, preparado por los medios de comunicación. Sería mejor que se comenzara a consumir más literatura poco a poco, que no cuando aparece un fenómeno de este tipo.

Dicen que “cuando más lees, menos daño hace lo que lees”.

Y en mi época se decía que “leer todo, hasta la hoja parroquial”. Estoy de acuerdo de que se lea todo, pero me preocupa que sea sólo lo que está de moda. Me encantaría que mi hijo se interesara por leer Harry Potter, y luego siguiera con más cosas. De todas maneras, el paso atrás generacional no está sólo en la lectura, sino en todo... las relaciones de pareja, por ejemplo. Con toda la información que existe a disposición de todos, hay más embarazos no deseados, hay más fracasos matrimoniales, prematrimoniales e incluso postmatrimoniales. No hay cultura de valorar lo que hay. En deporte, por ejemplo. Si hubieran habido todos los medios que hay hoy en mi época, no sé que habría pasado. Manteníamos un equipo en tercera, jugando en el campo de La Herbeta, y hoy, ni en el fútbol, ni el basquet, ni el handbol, se continúa después de un tiempo, se abandona cuando se hace mayor el niño. No hay constancia ni espíritu de sacrificio para continuar la labor deportiva.

¿Por qué en castellano, y no en valenciano?

Porque no quiero ir de héroe, aunque siendo un tema local, se prestaría. De todas maneras no es tan local como parece. El caso es que cuando pongo un escrito en cualquier medio de comunicación lo hago en valenciano, y la gente no lee lo que escribo, sino que se queda en que lo he escrito en valenciano. Me parece muy triste que mi generación, que ha tenido que aprender a escribir en valenciano de tapadillo, se vea a gente que ha estudiado en valenciano pase de largo cuando ve una página en este idioma. Aunque en este caso, he preferido hacerlo porque mi lengua para escribir con soltura es el castellano, y hacer un libro es mucho más complejo, más complicado que un texto de uno o dos folios.

¿Qué tal las ventas?

Bien. Se han vendido alrededor de unos 150 , y creo que venderé la primera edición, que ha sido de 500. Espero que guste.




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Luis Torres Pérez
Salvador José Benedito
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